a que genero musical pertenece la novena sinfonia de beethoven

Beethoven es la expresión máxima del sinfonismo occidental y la Orquesta Sinfónica de Minería, en forma de gala final de su Temporada de verano 2022 (agosto 25, 26, 27 y 28), interpretará la obra mucho más pasmante y emocionante del arte beethoveniano : La Novena, donde por vez primera en la historia se rompe la tradición de la sinfonía como género instrumental a fin de que un corazón de voces humanas entone al tiempo un emocionante himno de promesa cuyo mensaje ofrece un futuro de alegría compartido en fraternidad.

Por HRJ

La enorme sinfonía

Dividida en 4 movimientos, empieza como algo que lúcida, como un amanecer que próximamente se transforma en algo majestuoso y fuerte, con alegre ma non troppo, algo maestoso, alternando la suavidad y la fuerza; prosigue al segundo una joya de cuerda y viento entrelazados con timbales, scherzo, muy vivace, presto, que te hace estimar desplazar brazos y manos como un directivo de orquesta con los ojos cerrados en la mitad de la habitación, ensimismado y algo trastornado , pues o sea tan bueno que trastorna un tanto; y sigue con adagio molto y cantabile, errante moderado, tempo primo, errante moderado, adagio, el stesso tempo, términos musicales italianos que no es necesario controlar para recrearse con la caricia para las orejas que piensa este tercer movimiento; y después revienta el cuarto, próximamente y considerablemente más, y en unos minutos oímos esa armonía que todos conocemos, la de aquel himno que todavía no se canta, levemente primero pero yendo hacia arriba, deteniéndose un instante y, entonces, el solo La sinfonía logra lo que se ofrece: que te den ganas de comerte el planeta de barítono del “Himno de la alegría” con las inspiradoras si bien teístas expresiones de la oda de Schiller y un añadido del propio compositor como entrada, “Freude! Freude!”, ¡alegría, alegría!, y el cuarteto de voces y el corazón increíble, y se detiene, y los instrumentos vuelven a ocupar las ondas hasta el sol de tenor asimismo con corazón pero masculino, y otra ración instrumental vivísima y excelente , que acaba con una expectativa que causa escalofríos con lo que uno intuye o sabe que viene: ¡esta explosión del corazón al final!, tan bonita que prácticamente es imposible soportar y que a mí, en el último tramo antes de reprocharse lo justo, me hace saltar las lágrimas; y tras amortiguarse prácticamente en un sueño sonoro, regresa a la carga un par de veces por una doble fuga, y la última es una apoteosis tal que no hay otra forma que concluya esta sinfonía que con una carne de gallina prolongada , cierto agotamiento sensible pero, al unísono, lo que se pretendía, ganas de comerse el planeta, y una devoción inmutable por ella.

Su creador, ese sueco de carácter horrible, que apoyaba la oreja sobre la tapa del piano para oír la vibración mientras que sus dedos recorrían las teclas, fue primordial para eliminar el corsé a la música que después , desgraciadamente, volvió a ponerle la sin limites mediocridad de varios de los que el día de hoy relucen a los ojos de las masas y mañana van a ser enterrados unos sobre otros en montañas de olvido, como es correspondiente y también importante. Pero no Beethoven ni sus sonatas, recitales y sinfonías, en especial Novena, sin exageraciones, quizás la hora y pico de pura gozo mejor aprovechada de la vida musical de un individuo.

VERSIONES RECOMENDADAS

– Wilhelm Furtwängler con la Filarmónica de Viena (EMI), con la Orquesta del Festival de Bayreuth (EMI 1951, la mejor de todas y cada una) y con la Filarmò . Inmejorables. De referencia obligada. – Erich Kleiber con la Filarmónica de Viena. DECCA. Prácticamente, al mismo nivel que las previamente citadas. – Otto Klemperer con la New Philharmonia. EMI. La tradición germánica al servicio de la hermosura. – Carl Schuricht con la Sociedad de Recitales del Conservatorio de París. EMI. Precisa, balanceada, exquisitamente polivalente. – Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín (Grabación de los años sesenta). DG. Deslumbrante, muy bello sonido. – Rudolf Kempe con la Filarmónica de Munich. EMI. Una sorpresa; insuperablemente construida, muy activa. Excelente. – George Szell con la Orquesta de Cleveland. SONY. Limpieza y pulcra, quizás algo opaca. Interpretación clasicista – Bruno Walter con la Sinfónica Columbia. SONY. De referencia absoluta.

rock

Entre los directivos mucho más enormes de siempre. Arturo Toscanini con la Orquesta de la NBC. RCA. Buenísima, pero es una presa en MONO, de sonido sutil. – Karl Böhm con la Filarmónica de Viena. DG. Trágica y terrorífica. La última y mejor grabación sinfónica de Böhm. A la altura de la mítica versión de Furtwängler. Indispensable.

Por contra, no me terminan de seducir las ediciones de Solti y la Sinfónica de Chicago. DECCA (Precipitada y alocada, por instantes, si bien con un magnífico sonido orquestal), de Sir Colin Davis con la Staatskapelle de Dresde. PHILIPS (Me defrauda, ​​me aguardaba considerablemente más, un tanto insípida) y la última grabación de Karajan con la Filarmónica de Berlín. DG. (Aceptable pero con una lamentable actuación de los solistas masculinos, más que nada del tenor).

El incontenible desarrollo de la furia creativa

Incontables escritos académicos y críticos acreditan la atención unánime que ha provocado este compositor. Su condición de ‘primer músico libre’ y la inclinación a caracterizarlo como el mayor genio de la narración de la música hicieron del personaje entre los mucho más estudiados y también interpretados hoy en dia, y lo han transformado en entre los músicos de referencia. La mayor parte de estos teóricos coinciden en dividir la trayectoria profesional de Beethoven en tres periodos temporales basado en su evolución creativa: un primer periodo de capacitación hasta el año 1802, un segundo periodo hasta 1812 y un tercero entre 1813 y 1827. Más allá de que en otras oportunidades asimismo se ha considerado una cuarta parte periodo, origen de dividir el primero en 2; todos los enormes periodos acostumbran a dividirse en 2 subperiodos respectivamente.

En sus primeros años Beethoven practicó un estilo vienés y un individualismo poco a poco más marcado, llegando hacia 1800 a una transición que le condujo al periodo intermedio a través de piezas de carácter en fase de prueba. En este periodo las sonatas para piano se tienen la posibilidad de estimar aproximadamente visionarias y maduras, al revés que sus primeros cuartetos para cuerda y su Sinfonía núm. 1, mucho más recios y conservadores.

¿De qué mundo viniste?

Ludwig van Beethoven nació en Bonn en el mes de diciembre de 1770. Su padre y su abuelo eran músicos, al joven Ludwig se le enseñó en el hogar a tocar el teclado desde una edad temprana. Los primeros registros señalan que tenía un talento prodigioso: «Indudablemente se transformaría en un segundo Wolfgang Amadeus Mozart», escribió Christian Gottlob Neefe en 1783. 4 años después, Albert Hahn escribió en su biografía de Mozart que, tras percibir Beethoven tocar, nuestro Mozart les había dicho a sus amigos: “Manten tus ojos en él; cualquier día va a dar al planeta algo de lo que charlar».

Beethoven se trasladó a Viena, el centro musical de Europa en 1792, y en 1795 había conseguido el patrocinio monárquico. Estudió con Joseph Haydn (una relación de forma frecuente descrita como espinosa, ya que el clasicismo ejemplar de Haydn chocaba con el romanticismo rupturista del perteneciente de Bonn), y fue muy pedido como intérprete.

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