am musical cristo de la sangre

Deseo iniciar con 2 frases, una u otra se ora en todos y cada misa, si bien no la escuchen. +++++ Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por intención del Padre, colaborando el Espíritu Beato, diste con tu muerte la vida al planeta, entrébreme, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas y cada una mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre y en todo momento tus mandamientos y jamás dejes que me separe de ti. Y la oración número 2: Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de su Sangre no sea para mí un fundamento de juicio y condenación, sino, por su piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como antídoto saludable. +++++ Entre las frases precedentes es rogada por el sacerdote tras el Cordero de Dios y antes de recibir la Comunión. Como sentiste, son afines, pero distintas. En lo personal, en el momento en que me siento bien sobre la condición de mi alma, me agrada rezar cuanto mucho más tiempo. No obstante, no estoy diciendo que me creo listo para la canonización, pero hay instantes en los que sé que no estoy caminando lo destacado que debería la felicidad de Dios. Es entonces en el momento en que me agrada rezar el segundo, pues me recuerda mucho más particularmente la necesidad que tengo para la clemencia de Dios, y que si no cuido, puedo ver Su “juicio y condenación…”, no Su clemencia. – Y en ocasiones, solo deseo usar la oración mucho más corta… ¿Comprenden?… La primera y mucho más extendida oración me ten en cuenta que el Cuerpo y la Sangre de Jesús trae independencia a quienes la reciben con dignidad. Por consiguiente, asimismo charla de una liberación del juicio y la condena; pero charla de esto en concepto de la independencia del amor. La segunda oración que veo de qué forma chillar o caer sobre la clemencia de Dios sobre todas las cosas lo demás, reconociendo que necesito esta clemencia tan desesperadamente. El cierre de la primera oración asimismo es esencial para mí: “jamás me dejes separarme de ti”. Se piensa que estas frases han de ser oradas por el sacerdote en voz bajísima, conque respeto las rúbricas de la Misa, si bien intento charlar algo mucho más que varios de mis hermanos curas, pues pienso que estas frases son tan sencillos y preciosas. Pienso que tienen la posibilidad de –y han de ser– una parte de la oración antes de la Comunión para todos. En esta celebración del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi), deseo que todos pensemos en lo que este don supremo de Dios hace por nosotros. Charlé hace dos semanas sobre de qué manera nos garantizamos en el altar adjuntado con Cristo, y que el Cuerpo y la Sangre, el alimento que nos llega del altar, nos prepara para ir al planeta para llevar a cabo de nuestras vidas un sacrificio vive a Dios. En este momento, este día de celebración, nos encontramos llamados al altar para OFRECERNOS a nosotros… y recibir de Dios POR NOSOTROS mismos y por el resto. Debemos llevar la Eucaristía que nos llega en nuestros mundos particulares, en nuestra vida individual, a fin de que esos que no comprenden la bendición y la clemencia de Dios vean en nosotros esa bendición y clemencia. A fin de que no vean el juicio y la condenación de Dios, sino más bien la clemencia y la protección de nuestras ánimas y cuerpos; no los errores y el mal de la raza humana caída, sino más bien la independencia y el gozo de vivir en los mandamientos de Dios que nos previenen separarnos de Él. Estas profundas frases de la Iglesia nos llaman a admitir cuánto requerimos la salvación y la clemencia de Dios. Como he dicho, están premeditados a ser la oración próxima del sacerdote, pero pienso que son enormes preparativos para todos antes de recibir su Comunión. A lo largo de esta misa, me sugiero rogar la oración en una mucho más fuerte de lo común en el instante correspondiente, con lo que todos ustedes van a ser convidados a ingresar en esta oración el día de hoy, y quizás, como lo recordáis – usted va a hacer o algo afín, una sección regular de su preparación para la comunión. Hay una enorme capacidad y el obsequio al Cuerpo y la Sangre de Cristo. Los diablos tremen en el momento en que Jesús viene a nosotros en este modo humilde. No debemos tremer, pero debemos aproximarnos en miedo y joya que Jesús escoge estar con nosotros en Su humildad y majestad indiscutible. El Cuerpo y la Sangre de Cristo nos guarden para la vida eterna.

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