cómo responde nuestro cerebro al oír una música agradable

Marta Bueno y José R. Alonso

En el momento en que Claude Debussy componía su Prólogo para la siesta de un fauno, tenemos la posibilidad de imaginar su cerebro como un cielo nocturno iluminado por fantásticos fuegos artificiales, bañado en brumas espesas y nieblas rayos de color. Es seguramente un elevado número de zonas encefálicas se activaban a lo largo de la composición y la creación de sus proyectos pero asimismo en el momento en que se sentaba en el piano, en el momento en que dirigía su orquesta e inclusive en el momento en que silbaba o pensaba en una armonía paseando por las calles de París. Las técnicas recientes aplicadas a la neurociencia para ver el cerebro en medio de una actividad, resonancia imantada servible y otros métodos se pusieron al servicio del estudio. Entendemos qué zonas se activan a lo largo de la realización de tareas matemáticas, tareas de lenguaje, etcétera. En el momento en que se usan estas técnicas para ver el cerebro de alguien que hace música, se ve una activación de multitud de áreas, cada una implicada en una función concreta y todas y cada una conectadas entre sí.

Efectos de la música en el cerebro

Existen algunos mitos que aseguran que poner a los bebés a percibir a Mozart puede lograr que sean mucho más capaces. No obstante, no hay un soporte científico que confirme esto.

Lo que sí es muy posible es que si andas intentando de concentrarte, estudiar o reposar tu cabeza, oír música instrumental o mucho más sosegada puede guiarte a llevarlo a cabo de manera más óptima.

Fuegos artificiales en la cabeza

Y en el momento en que digo rumba no es exagerante. En el momento en que oímos música, se activan distintas zonas del cerebro, comunmente socias a otros procesos cognitivos. En verdad, el compositor del popular Boléro, la lengua francesa Maurice Ravel, padeció de degeneración cerebral y múltiples zonas de su cerebro se estropearon. Y si bien no ha podido regresar a redactar música, proseguía escuchándola y creando óperas en la cabeza.

orquesta

La música y el lenguaje están muy íntimamente relacionados.

Otro compositor, el ruso Shebalin, perdió la aptitud de charlar y comprender idiomas, pero sostuvo la aptitud de redactar música hasta su muerte. Y sucede que la música y el lenguaje en verdad distribuyen varias cosas: los dos son maneras de comunicación y cada uno de ellos tiene una sintaxis, o explicado de otra forma, de qué manera conjuntar los elementos que los conforman (notas o expresiones). Una zona en el lóbulo de adelante, semeja aceptar la construcción de la música como el lenguaje. Se difumina el límite. La oración «la música es un lenguaje» tiene mucho más seguridad en este momento.

Función del cerebro

“Los patrones melódicos, rítmicos y armónicos crean esperanzas al oyente que se resuelven; este fenómeno es satisfactorio y puede alentar la producción de serotonina y dopamina”, asegura Dra. Kauffman.

Para prosperar la concentración, entrene el cerebro para “concentrarse en un factor de una parte musical y proseguirlo hasta el desenlace de esta. No se concentre ni en la voz ni en la armonía. Tampoco escoja la música que mucho más le agrade ni la que le traiga recuerdos esenciales. Si hablamos de música pop, céntrese en el bajo o en el ritmo de la batería. Asimismo puede iniciar con algo fácil, como el violonchelo del Canon en Re mayor de Pachelbel”.

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