con cuántos años empezó a escribir música sergei prokofiev

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Al terminar mi lectura inicial de este poderoso y complejo libro estuve verdaderamente pisándome la cabeza en pos de la forma de poder caracterizarlo con escasas expresiones. Se habla, naturalmente, de una biografía de Lina Prokófiev, nacida Codina y Llubera, la mujer medio catalana y medio rusa del enorme compositor ruso Sergei Prokófiev; y, como señala el título, incluye los ocho años (1948-1956) que pasó al gulag una vez que su marido cayese en desgracia tras ser tachado de compositor «formalista», impropio, por consiguiente, de la alta reputación y de los honores que había gozado desde mediados de la década de 1920 hasta mediados de la de 1940. Pero, como apunta asimismo la autora, ella conoció a Lina Prokófiev en Moscú a fines de los años treinta, en el momento en que ella, Valentina Chemberdjí, era una joven en entre las familias intelectuales y musicales que eran amigas personales y colegas de personalidades tan resaltadas como Sergei Prokófiev. Valentina fue, también, una testimonio lejana de la relación entre Prokofiev y Mira Mendelson, la segunda «mujer» con la que se casó el compositor sin llegar a divorciarse jamás de su primera mujer. Pero, a mi parecer, lo más esencial para la alta definición de este libro fue la amistad de la autora a su edad avanzada con Lina Prokófiev y las diálogos en hondura, grabadas, que sostuvo con los 2 hijos del compositor, Sviatoslav y Oleg.

En Ivanovo

1944 fue el año de la promesa en la Unión Soviética. Tras la guerra de Kursk, en 1943, el Ejército Colorado había recobrado energías, preparándose para dejar en libertad su territorio. Entonces, los rusos avanzaron en dirección Berlín, barriendo la Wermacht de la Europa del Este. De a poco, los millones de apartados procuraron regresar a una vida diaria todavía lejísimos de la normalidad mientras que el gobierno volvía a Moscú. Desde la invasión, Prokofiev y Mira habían vivido en múltiples hoteles y al fin, esta hermosa primavera de 1944, les fue concedido un apartamento en la ciudad más importante soviética. Prokofiev repartía su trabajo entre creaciones propagandísticas y otras de puro exitación, como Sonata para flauta op. 94, que se transformaría poco después en la habitual Sonata para violín Nº 2. Pero como el compositor sintiese que con el paulatino regreso a la normalidad devolvían por igual las envidias y las descalificaciones que ciertos músicos y artistas cariños al régimen le dispensaban, va elegir buscar cobijo fuera de Moscú. No tardó en localizarlo en Ivanovo, en una vivienda de trabajo correspondiente al Sindicato de Músicos. La vivienda se encontraba circundada por bosques de abedules, por los que Prokofiev y Mira daban usuales paseos y además de esto, y más allá de las privacidades que pasaba el país esos días, les daban alimentos frescos de las huertas próximas. Más allá de la popularidad de insolente que siempre y en todo momento caracterizó a Prokofiev y de su indisimulado desprecio a los músicos populistas que componían al dictado de las demandas del régimen, no tuvo esta vez reparo en comunicar con ellos la vivienda, e inclusive va habitar en la vivienda y no en entre las cabañas que le rodeaban, donde habría tenido mucho más privacidad.

Allí coincidió con Dimitri Kabalevski, exactamente uno de esos músicos a los que había injuriado anteriormente. No obstante, la profunda admiración que este le profesaba y visto que Prokofiev se sintiese uno mucho más entre colegas, provocó que su relación fuera bastante cordial a lo largo de esos meses.

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