con faldas y a lo loco escena musical

Póster de la película. Año de estreno: 1959. Duración: 121 min. País: EE.UU. Género: Comedia. Título Orig.- Some like it hot. Directivo.- Billy Wilder. Razonamiento.- Un relato de Robert Thoeren y Michael Logan. Guion.- I.A.L. Diamond y Billy Wilder. Fotografía.- Converses B. Lang, Jr. (B/N). Montaje.- Arthur P. Schmidt. Música.- Adolph Deutsch. Productor.- Billy Wilder. Producción.- Ashton Pict.- Mirish Co. para United Artists. Intérpretes.- Marilyn Monroe (Sugar Kane), Tony Curtis (Joe/Josephine), Jack Lemmon (Jerry/Daphne), George Raft (Botines Colombo), Pat O’Brien (oficial Mulligan), Joe Y también. Brown (Osgood Fielding III ) ), Nehemiah Persoff (Bonapart), Juan Shawlee (Sweet Sue), Billy Gray (Poliakoff). 1 Oscar: Vestuario para largometraje en B/N (Orry-Kelly).5 candidaturas: Directivo, Actor primordial (Jack Lemmon), Guion amoldado, Fotografía y Dirección artística para largometraje en b/n (Ted Haworth y Edward G. Boyle ) . Temática:    Travestismo, sátira y transgresión; manipulación de identidades; confusión de sexos; mezcla de slapstick y screwball comedy; broma de los grabes de gángsters; juego entre fachada y situación; maridaje de estilos entre Stroheim, Lubitsch y Hawks; utilización de los elementos musicales, introduciendo tres temas cantados por Marilyn Monroe. Hasta aquí un comprendio de lo que podía ser una pequeña antología crítica de CON FALDAS Y A LO LOCO, un avance temático de una bibliografía que incrementa con el paso del tiempo, de la necesidad de desmenuzar la película en tramas y subtramas que invitan mucho más en el aburrimiento que en la diversión. Pero por encima de todas las cosas existe en CON FALDAS Y EN LO LOCO, considerada por la crítica la mejor comedia de la historia del cine, una intencionada amoralidad al lado de un destacable escepticismo por el hombre, un regusto por una planificación clara y transparente, para encadenar y ensamblar los distintos tempos cinematográficos según un clasicismo riguroso, para amoldarse como un guante a la historia que se está contando. Segundo guion de la pareja Billy Wilder-I.A.L. Diamond, tras su primera colaboración en Ariane, CON FALDAS Y EN LO LOCO tiene una impecable adecuación de la historia a los tres bloques tradicionales: Exposición (Chicago, 1929; presentación de Joe – Tony Curtis- y Jerry -Jack Lemmon; enfrentamiento dramático de Joe/Jerry, un saxofonista y un contrabajo viviendo a salto de aniquila y presentes de la matanza de San Valentín al cargo de la banda de Botins Colombo -George Raft-), nudo (cambio de identidad en los 2 músicos que pasan a nombrarse Josephine / Daphne, aparición de Sugar Kane -Marilyn Monroe- y viaje en tren a Florida) y desenlace (llegada a Florida; romance amoroso entre Daphne/Oscar Fielding III -Joe Y también. Brown- y Joe/Sugar , irrupción de “Botines ” Colombo y fuga final). A lo largo de la sección primera, el largometraje fluctúa entre el cliché del cine negro de la Warner, aun recurriendo a actores del género como George Raft, Pat O’Brien, Mike Mazurki y Harry Wilson, y la utilización que hace Wilder de la pareja Curtis/ Lemmon como recurso cómico, de la perversión del primero, el mucho más listo y petulante del dueto, para llevar a cabo de Lemmon un personaje manipulable ahora su servicio. Desde desnudarle de un sobretodo que apuesta a un galgo, hasta servirse para los galanteos con Sugar, del yate de Oscar y el brazalete de diamantes regalado a Daphne por el ricachón. En cierta forma, la secuencia del estacionamiento, en el momento en que el gang de Botines suprime a Charlie Mondadents, viene a ilustrar de manera accidental el destino de los 2 músicos con la fortuna de los hampones. Instante perfecto a fin de que Wilder introduzca el travestismo como mesa de salvación del saxo y el bajo. Toda la escena del tren expone la primera crisis de identidad de la pareja masculina, en especial de Jerry/Daphne, obligado a reprimir un instinto sexual natural, no traicionar su castidad y conocer su genuina personalidad. Joe/Josephine consigue el papel de seductor usando la vía de la confidencia, de hacerse amiga de Sugar, la solista de la orquesta femenina de Sweet Sue y sus Chicas Sincopadas, como primer paso en adoptar el carácter de un millonario ocioso, tomando el sol en Florida. La presentación de Sugar, con un travelling tan explícito como el balanceo de su cuerpo, nos enseña a una muchacha perjudica a una perpetua crisis amatoria que se hace visible en el tema “Running Wild”, que interpreta al primer ensayo del tren. Entre la comedia de persecuciones de Mack Sennet y la utilización de la elipsis como referente sexual, de manera menos sutil que en Lubitsch, la parte final es un continuo trueque de ocasiones y niveles entre Joe, en su papel de virginal oligarca dueño de la Shell y estereotipo masculino de Sugar, y Jerry, pícaro “mujer” asediada por el hijo de una opulenta familia. Tal y como si fuera una explosión en toda regla, la cinta aboca a una colisión entre el deseo erótico y el fetichista, entre lo esperado y el consumado, con 2 acotaciones musicales en las letras de las canciones interpretadas por Marilyn Monroe, “I want to be loved by you”, alegre y jovial, y “I’m through with love”, melancólico y triste. Mientras que, el romance de Jerry con Oscar avanza hacia una enajenación completa, siendo el músico ciervo de su papel: Secuencia del tango y el trueque de la rosa en la boca. Vertidos a una situación límite, con prácticamente hora y media de metraje, Wilder-Diamond salvan a Botines Colombo y empujan la cinta a un tobogán con caída libre, donde ahora absolutamente nadie es lo que aparenta ser. Un epívoco equívoco nos transporta a la equívoca confesión de ámbas parejas sostenida por la agilidad de sus réplicas, que tienen bastante cinismo y agresión verbal. Genuina escapada en humor absurdo, el objetivo de CON FALDAS Y AL LOCO tiene el ritmo y la independencia de una comedia musical. Opinión:    Tres películas tan dispares como El héroe solitario, Ariane y Testimonio de cargo -todas y cada una ellas, no obstante, con elementos de comedia en todo o en parte- apartan La tentación vive arriba CON FALDES Y AL LOCO, unos años a lo largo de los que Wilder semeja haberse replanteado varias cosas, entre ellas la consecución de un preciso tono humorístico que no desprecia en ningún instante el realismo de individuos y ocasiones. En este sentido, CON FALDAS Y AL LOCO piensa un destacable avance en relación a La tentación vive arriba. Disponemos, primeramente, la utilización del blanco y negro, fotografía que hace del contraste la mejor arma expresiva y que Wilder utiliza aquí no solo con el propósito nostálgico de recrear la atmósfera del cine negro tradicional, sino más bien asimismo para marcar distancias con el tono soñador del Technicolor. Seguidamente, el contexto satírico del relato aquí sí está a la perfección marcado desde el comienzo: Unos gángsters que llevan un ataúd en un vehículo fúnebre se enzarzan en una persecución con la policía en cuyo curso se intercambian tiros; tras burlar a los agentes de la ley, los mafiosos abren la caja mortuoria, que de todos modos está llena de botellas de licor, mientras que en la pantalla se sobrepone el rótulo “Chicago, 1929”. La luz de este arranque, que predispone fabulosamente al espectador de cara a admitir lo que va a venir ahora, se alarga durante toda la proyección, erigiendo CON FALDAS Y AL LOCO en la primera enorme comedia de su directivo y en de los mejores exponentes -si no el más destacable- del llamado “cine retro”, en el que la recreación tanto de una temporada pretérita como de un género extinguido está en todo instante supeditada a las demandas del relato. No es extraño, en este sentido, que CON FALDAS Y AL LOCO sea por esta razón una magnífica digresión a todos y cada uno de los escenarios sobre el tema del disfraz. Siendo de qué forma es un largometraje que disimula un género (la comedia) disfrazándolo de otro (el cine negro), su contexto resulta perfecto para enmarcar una trama interpretada por individuos que están todo el tiempo fingiendo ser otros y que es llena de falsedades, patrañas y ocasiones equívocas. Aquí entraría, naturalmente, la conocida cuestión del travestismo forzado de sus 2 personajes principales masculinos -Joe y Jerry, respectivamente reciclados a Josephine y Daphne-, pero asimismo otras caracteristicas supuestamente secundarios que forman una parte del mismo alegato: El mencionado ataúd lleno de alcohol; el policía (Mulligan: Pat O’Brien) que finge ser un cliente frecuente para introducirse en el tugurio donde se bebe clandestinamente; el disfraz de millonario que adopta Joe para cautivar a Sugar, empleando una ropa y un yate que no le forman parte; la asamblea de gángsteres bajo el lema de una supuesta Convención de Amigos de la Ópera Italiana; cuyo pastel enorme, en lugar de una chavala, sale un requesón con ametralladora; la pincelada lésbica (por mucho que sea falsa) actualmente en que, disfrazado de Josephine, Joe besa a Sugar en los labios; la inopinada ambigüedad de la que hace gala Jerry, tan cómodo en su novedosa identidad femenina que admite sin entrar en dudas la proposición de matrimonio del adinerado Osgood Fielding III (Joe Y también. Brown), o la no menos asombroso reacción final de este último -citada hasta la saciedad, lo reconozco, pero no por este motivo menos eficaz- frente a la revelación del verdadero sexo de su promesa: La célebre réplica “Absolutamente nadie es especial”. Entre las causas que justifican el prestigio de esta película radica en su construcción narrativa ejemplar, que descarga parte importante de su efectividad en el peso del aspecto, llevado aquí hasta extremos que rozan la mucho más pura abstracción. Los ejemplos son copiosos: El agente Mulligan pinchando el puro que se fumará… con la aguja de la placa de policía; el gángster “Botines” Colombo (George Raft) y sus matones, entre aquéllos que figura el impagable Mike Mazurki, tomando leche; la elipsis que exhibe a Joe y Jerry perdiendo sus abrigos por abonar una quiebra apuesta en las carreras de caballos; el palillo que continúa, inmutable, en la boca del cadáver de Charlie “Mondadents” (George Y también. Stone); el malintencionado chorro de vapor del tren escupido sobre el trasero cimbreante de Sugar; los orificios de bala en el contrabajo de Jerry, que despiertan las supones de Sweet Sue (Joan Shawlee) y después dejan detectar a los amigos como los presentes de la matanza de la banda de Charlie; la hilera de viejos millonarios moviéndose al tiempo a sus balancines que recibe la orquesta femenina en Florida; Joe engatusando Sugar con una concha que, afirma, es el logo del negocio de su familia (¡Shell Oil!), o después, acudiendo a la cita definitiva con la chavala vestido de hombre… y llevando, por abandono, a los sus atentos de Josephine; el tango que Jerry/Daphne baila con Osgood frente a una orquestina cubana… que toca con los ojos vendados; los zapatos de tacón que identifican a Jerry a los ojos de los gángsters, en el momento en que él y Joe procuran fugarse, vestidos de hombres, en el vestíbulo del hotel… En relación a las canciones destinadas al lucimiento de Marilyn Monroe (cuya actuación es , por otro lado) , es inigualable), no son gratis, en tanto que manifiestan de forma simbólica el estado anímico del personaje de Sugar: La primera, “I wanna be loved by you”, refleja el enamoramiento de la muchacha poco tras haber popular a su (falso) príncipe azul en la playa, al paso que la segunda, “I’m through with love”, nos charla de su tristeza después de ser dejada por su amado (además de esto, tras este tema musical se genera la citada escena donde, conmovido por la canción y la actitud melancólica de la chavala, Joe la besa olvidándose de que va disfrazado de Josephine).

Fuente de Información: Fichero del AULA DE CINE/CINE CLUB UNIVERSITARIO. Facultad de Granada. Con objetivos divulgativos.

Sugar, con faldas y desquiciado, un musical con música directamente

La música es directamente. Una música que mezcla swing, jazz, ragdoll, Henry Mancini y música de las Big Bands… una música realmente bien desarrollada que encaja como un guante en este espectáculo. Las canciones forman una parte del razonamiento, no son puros adornos para instantes puntuales.

El vestuario tiene un diseño increíble y nos regresa a una temporada donde el encanto y la distinción lo impregnaban todo, aun los uniformes de los usados del hotel.

Marilyn Monroe (Sugar)

El personaje de Sugar resulta bastante próximo a eso que tenemos la posibilidad de saber de la vida íntima de Marilyn.

Wilder, exactamente debió ser siendo consciente de estos paralelismos.

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