con la musica a cuestas dibujos

El Síndrome de Asperger es un trastorno neurobiológico del avance que actúa en ciertas adversidades en puntos sociales, cognitivos, sociables y físicos

Cada individuo con Síndrome de Asperger se ve perjudicada en diferente forma y medida por este síndrome, pero en la mayoría de los casos tienen peculiaridades como déficits en el manejo de las relaciones sociales, contrariedad para interpretar la ironía, el sarcasmo y algunas gracietas (ya que tienden a comprender el lenguaje de manera así) contrariedad para entender los sentimientos y también pretenciones de los otros , alguna poca traza motriz, una gama de intereses limitada, contrariedad para enfrentar los cambios en las prácticas o modificaciones en el charla (en la prosodia, tono, volumen y entonación de la voz o por ser un lenguaje bastante «pomposo» o adulto en la situacion de pequeños).

Lleva a cabo tu lado derecho del cerebro, tus zonas creativas

  • Busca una imagen que te agrade, preferentemente de línea, y colócalo la boca abajo, imagen del recuadro.
  • Tómate tu tiempo, coloca una alarma a fin de que suene en unos 40 min. aprox. y empieza a dibujar la imagen que ves, sin procurar “comprenderla”.
  • No procures comprender o meditar o sea la mano, o eso es la cara, eso otro es tal o como…no desees admitir nada, solo dibujar lo que hay, solo sus formas.
  • Comienza por un radical y ve dibujando tal y como si se tratase de solucionar un rompecabezas: esta línea guarda relación con esta otra, este ángulo es de esta forma… y de este modo ve “tejiendo” el dibujo.
  • En el momento en que termines tu primer dibujo del revés, reitera el desarrollo con el dibujo del derecho, y dibújalo como siempre y en todo momento lo hiciste y equipara el resultado.
  • En este momento mira la pestañita EXPLICACIÓN.

Los trazos geométricos

Corresponden a figuras geométricas sencillos (triángulos, cuadrados, rectángulos, etcétera.). Si carecen de adornos o rellenos, nos charlan de personas que tienen reprimidos sus sentimientos y quieren manejarlo todo mediante la razón.

Por otro lado, si muestran sombreados, nos revelan alguien que está en un desarrollo de flexibilización de sus convicciones.

Por Matías Castro.

Hace unos años, Femín Hontou (Ombú) se halló con uno de sus dibujos mucho más conocidos un domingo de mañana, en el momento en que el dibujante fue a pasear por la feria de Tristán Narvaja al lado de su pareja. Entre las paradas de frutas y verduras, condimentas, juegos para videoconsolas pirateados, libros de segunda mano, gallinas, conejos y mascotas, había uno que vendía camisetas con estampas de figuras de la música. Entre todas y cada una de las camisetas, ilustradas con fotografías de Bob Marley, John Lennon y Jimi Hendrix, una llevaba su célebre caricatura de Eduardo Mateo. –¿Cuánto cuesta esa remera? –preguntó al vendedor mientras que su furia iba en ascenso. –400 pesos –respondió el desprevenido mercader. –¿Y de dónde sacaron el dibujo de Mateu? –La hija del dibujante nos dio permiso. –Mirá… Por el hecho de que resulta que el dibujante soy yo. Ombú no ha podido eludir alzar el tono. –Aparte de que no me solicitaron permiso, ¡le borraron mi firma! –Pero… –procuró argumentar el vendedor. –Te afirmaré algo –el enfado de Ombú se sentía a múltiples metros de distancia–. Mateo llegó a vivir como un paria por la calle y como ahora murió no posee forma de defenderse. Pero yo no. La pareja de Ombú procuraba aplacar los ánimos a fin de que el tono proseguía en ascenso. No obstante, él sabía hasta dónde deseaba ir con su razonamiento. –¡Hice cuanto quieras con la remera! –remató–. Pero cuando menos déjale mi firma. Y de este modo se cerró la discusión. Pocos días después, Ombú se encontraba en el Centro realizando gestiones y se halló con su hija, Cecilia. Iba acompañada por ciertos amigos. Uno había llegado desde Argentina. Se presentaron, charlaron un tanto y Ombú vio que el argentino tenía un tatuaje en el brazo. Era su dibujo de Mateo, exactamente el mismo de la remera en Tristán Narvaja. Al menos, esta reproducción llevaba la firma. Tiempo después, descubrió que el colectivo de músicos Mateo x 6 usaba su caricatura como imagen de perfil en Fb. Asimismo le había eliminado la firma. Se lo demandó y le corrigieron. Si en Uruguay un dibujante desea transformar su arte en su medio de vida, tiene escasas ganas de proteger su obra y comercializarla. Los espacios en la prensa se han achicado con el paso de las décadas hasta el momento en que hoy en día son probablemente menos de cinco los dibujantes que publican con regularidad y viven de ellos. Entre ellos, Ombú y Arotxa son los únicos que tienen una extendida carrera, a medio sendero entre la caricatura editorial y las artes plásticas. No obstante, no tienen forma de supervisar la utilización de su obra. Alén de probables ilegales por la reproducción, las anécdotas sobre su dibujo de Mateu charlan de que, sin procurarlo, creó una imagen que le trascendió, tal y como si fuera un sello que se estampa mil ocasiones independientemente de quien lo diseñó. “No me calentó tanto que vendiese las camisetas –afirma Ombú–, pero sí les borrase la firma. No es que sea escencial, pero para un dibujante un dibujo va con la firma. Lo bonito es que apareció la remera. Yo recuerdo las calaveras de José Guadalupe Posada, que era un enorme grabador. Diego Rivera afirmaba que Posada llegaría a ser tan habitual que absolutamente nadie sabría su nombre. En el momento en que una obra de arte se engancha de manera particular a la multitud, el creador pasa a un background. Aquí en ocasiones se excita pues lo ve a la chavala, pero asimismo se puede observar desde el lado del reconocimiento a Mateo”. La firma del dibujante y caricaturista es mucho más que una cuestión de ego: supone compromiso sobre lo que se expresa. No en balde el espacio semanal que Ombú tiene en Bretxa tiene por nombre ‘El Hojo de Ombú’, y en todos y cada número de El País Cultural una de sus representaciones en dibujo ilustra alguna nota señalada sobre un personaje esencial. Pues, al fin y al cabo, lo que provoca que un caricaturista sea reconocido como dibujante editorial y artista gráfico no es su aptitud para exagerar aspectos, sino más bien las ideas que expresa y su aptitud plástica para llevarlo a cabo. La firma, ya que, es la expresión pública de que el artista se encarga de lo que expresó en el dibujo. Merced a sus ideas y virtudes plásticas, Ombú trascendió medios sin romper con sus convicciones morales ni transar con las tentaciones del mercado del arte de galerías. Inesperadamente, todo cuanto dicen con tanta pompa comenzó hace muchas décadas merced a una estación de servicio.

Historia de familias Fermín Hontou nació en Montevideo en 1956. Su madre era dibujante. Su padre era vendedor de nafta y trabajaba para Shell, visitando clientes del servicio por todo el país, hasta el momento en que recibió una oferta para conformar una sociedad y entablar una estación de servicio en Melo.

guitarra

De ahí que Ombú cursó ciertos años de escuela y descubrió 2 cosas: la multitud del medio rural y los cuadros del dibujante y pintor argentino Florencio Molina Campos. Con toques humorísticos y deformaciones caricaturescas, los cuadros de Molina retrataban situaciones de la Pampa argentina que al pequeño Ombú (quien todavía era Fermín para todos) se le hacían increíblemente familiares. “Miraba estos cuadros y después la multitud a Melo y era prácticamente de qué forma estar enfrente del mismo”, recuerda entre risas. Este fue su primer acercamiento al planeta de la plástica y la caricatura profesional; asimismo a su capacidad para reflejar una situación procesada en la cabeza de un artista. Y si bien no lo sabía entonces, Molina Campos era un caso de muestra de de qué manera atravesar desde el planeta de la alta cultura al del diversión y el arte habitual: por una parte, su obra fue equiparada con la de Ricardo Güiraldes; por otro, había asesorado en persona a Walt Disney para múltiples de sus películas. A los nueve años, Hontou regresó a Montevideo con su familia y con la semilla del amor por el dibujo. En la década de 1970 se dedicó a estudiar dibujo, pintura y artes visuales, con referentes como artistas Esteban Garino, Pepe Montes, Julio Alpuy y Guillermo Fernández. Con Garino estudió en la Continental Schools, una institución de origen estadounidense que todavía prosigue activa en Uruguay, famosa por los estrictos métodos de enseñanza. Los tutoriales por correo funcionaban realmente bien. “La Continental entonces tenía una propaganda que prometía éxito y riquezas con un dibujo que mostraba al dibujante en una piscina con mujeres. El procedimiento que empleaban consistía esencialmente en copiar dibujos”, recuerda en el living de su pequeño apartamento en la Ciutat Vella. Las paredes del living exhiben muchos dibujos de todas y cada una de las etapas de su trayectoria; asimismo hay en los corredores, ahora encuadrados, encima de la mesa y archivados en los muebles. La cámara de visitantes asimismo amontona dibujos, tal y como si Ombú viviese en su obra. En esos pocos m2 se acomodan mucho más de 40 y cinco años de vida entre papeles. En el living, en un espacio muy aparente, hay 2 retratos sus firmados por otros: uno realizado por su madre a lapicero, el otro pintado por Pepe Montes. Esos primeros años de capacitación y acercamiento al dibujo prosiguen presentes en la mitad de esta galería de la memoria artística. “Cada generación tiene a sus ídolos. A mis viejos, que eran gente de izquierda, no les agradaban tanto The Beatles”, afirma. Afirma que sus estudiantes de dibujo se impresionaron poco en el momento en que les mostró la película El submarino amarillo (George Dunning, Al Brodax, Robert Balser, Jack Stokes, 1968). “Pienso que lo que falta es que las generaciones mucho más jóvenes tengan curiosidad por las mucho más viejas. Mis profesores me contagiaban el interés por profesores o figuras precedentes”. A lo largo de sus primeros años de capacitación a lo largo de su adolescencia, apareció su nombre artístico prácticamente por al azar. Un compañero del liceo lo apodó Jazmín Ombú, solo por realizar un juego fonético. La flor desapareció transcurrido el tiempo y han quedado las 4 letras del árbol, fáciles de rememorar, simples de estampar en un dibujo como un sello, y asimismo indisolublemente ligadas al paisaje uruguayo. Estas 4 letras aún demorarían mucho más de una década en ser popularmente socias a sus dibujos. A lo largo de los setenta descubrió a Julio Y también. Suárez, mucho más popular como Peloduro, profesor de la caricatura y el humor en la prensa uruguaya. Había fallecido en 1965 y el tiempo de oro de su obra había pasado antes. En su enorme capacidad y también talento para conducir el lenguaje escrito y al tiempo la ilustración y la historieta, descubrió el potencial de atravesar estos elementos para llegar al enorme público por medio de la prensa. Sus primeros años de trabajo profesional se sucedieron entre la propaganda, con la que ganaba bastante dinero, y la prensa, donde no se pagaba tanto. En 1982 el editor Antonio Dabezies formó un aparato para publicar la gaceta de humor El Dedo. Entre las tareas que le tocaron a Ombú fue diseñar una suerte de mascota, un dedo con pies y alpargatas, y aceptó recibir un porcentaje de la ganancia por las ventas. La gaceta empezó con una tirada reservada para la temporada de tres mil ejemplares y llegó a vender 40 y tres mil en el momento en que cerró, en el séptimo número. El arreglo resultó ser un golazo inesperado. Con ese dinero viajó a México con su pareja, para evaluar suerte. Solamente llegar, él golpeó las puertas de múltiples publicaciones, hasta el momento en que salió su primer dibujo en el suplemento dominical del períodico Unomásuno. Al día después le llamaron agencias de propaganda y de la gaceta de una compañía aérea con ofertas de empleo. “Estuve solo tres años en México, que fueron muy ventajosos. Me hicieron semilla, conocí a enormes dibujantes. Y en lo económico fue fundamental, por el hecho de que ganaba mucho más guita que en este momento. Y no me quejo, pues he tenido suerte”. Regresó a Uruguay en el primer mes del año de 1985 y últimamente por año siguiente comenzó a firmar de forma regular sus dibujos como Ombú. De ahora en adelante fue popular por este seudónimo. Trabajó primero en el fallecido semanario Jaque, asimismo en la gaceta Guambia, que seguía la línea de El Dedo con bastante éxito, y después en Bretxa. «Me agradaba labrar, pero me torturaba bastante haciéndolo», enseña. Le dedicaba días enteros a cada dibujo, sin solamente parar, preocupado por pulimentar a cada uno de ellos hasta la perfección. Por esos años nacieron sus 2 hijos mayores: Miguel, que tiene 31 años, vive en México y trabaja como fotógrafo en cine y audiovisual por norma general; y Cecilia, que tiene 28 años y es sicóloga. El tercero, Augusto, nació en 1997 y estudia arquitectura como Ombú en algún momento lo logró.

Materiales:

-Un reproductor de CD o mp3 de calidad. Hablamos de sentir cada matiz musical. Un sala con buena resonancia. Ideal si tiene las paredes forradas de madera.-Papel: si es viable de distintas formatos.-Ceras finas, enormes.-Lapiceros de colores. centro. Esto capacidad la sensación de conjunto y lo armoniza admitiendo además de esto una mayor movilidad corporal. Pero si te resulta bien difícil hacer ese espacio en tu sala, deja de preocuparte. Asimismo marcha en la vieja usanza. Cada niño sentado en la mesa con su papel y lapicero.

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