con la musica a todas partes 20 abril

El día de hoy vivimos una de esas entrometidas jornadas de festividad profana que me agrada llamar «días pop». En alguno de estos días, que cada vez son más varios y menos separados en el tiempo, se hace vigente la relevancia creciente que la civilización de masas va consiguiendo en nuestras vidas. En datas como esta, una suerte de «cabeza colmena» nos manipula para comunicar la mítica canción de Celtas Cortos que todos contamos en cabeza este 20 de abril. Algo semejante sucede en el momento en que un impulso sentimental (no hay solamente sentimental que la práctica) nos empuja para postear la canción Wake me up when melancólico mas que empieza tras la desaparición del verano, y esa práctica (que por juguetona y también irónica no ya no es persistente) nos transporta a anegar las redes de imágenes de Frodo y Sam paseando por la Tierra Media el día de los enamorados. En el momento en que llevamos a cabo alguno de estos ritos muy, muy nuevos solamente pensamos en las implicaciones y la llegada de nuestros actos, exactamente la misma no reparamos en lo insólito, importante y culturalmente extraño que resulta el lenguaje ultarreferencial compuesto de las imágenes, los vídeos y los audios que constituyen la memesfera de Internet, que semeja carecer de límites geográficos ni temporales.

Está bien. Bajamos la intensidad: twittear sistemáticamente hora pino a las 3:14 de la mañana es una gilipollas. Pero es nuestra gilipollas, nuestro procedimiento especial para formar parte en la civilización global que, con sus virtudes y sus defectos, se lleva a cabo todos los días merced a los avances en tecnología que se hicieron a lo largo de los últimos años. Una gilipollas que hace un individuo no es mucho más que una gilipollas, pero una gilipollas que perpetran al unísono una cantidad enorme de ánimas pensantes ya no es una gilipollas para transformarse en un ademán, en un movimiento, en una religión, en una cultura. Quizás los memes y los homenajes musicales que se dan en días como el día de hoy sean bastante fugaces para modificar misiones culturales importantes, pero nos asisten a sentirnos una parte de algo mucho más; si en el desértico planeta de la tradicional novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas mecánicas? la multitud hallaba consuelo y compañía merced a un extraño y catártico ritual de escalada colectiva, en nuestra situación las ancianas encienden candelas por los fallecidos y rezan con sus rosarios, los seguidores eligen sus cantos en atestados estadios de fútbol, Los pequeños cantan las canciones de sus películas de Disney preferidas y nosotros salimos al balcón a aplaudir todos y cada uno de los días a las 8 de la tarde.

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