de quien es la musica de malditos bastardos

Proseguimos con Héroes del Silencio. No podía ser de otra forma tras haber escrito hace unos días del reportaje de Netflix Héroes: silencio y Rock & Roll, comandado por Alexis Morante, y del libro de Antonio Cardiel Héroes de historia de historia legendaria que publica Plaza Janés. No vamos a detenernos en todo cuanto se apuntó en el artículo, pero resulta conveniente irnos hacia los discos y las canciones. Ahora afirmaba en lo mismo que la relación con Héroes del Silencio había sido cuando menos algo curiosa. En determinado sentido, se reproducía el esquema que se enseña en el reportaje y en el libro. Un principio con El mar no cesa (1988) que nos enseña una banda que se identificó con un fenómeno de entusiastas, en expresiones de sí mismos; una separación con Caminos de traición en 1990 que les llevó a otra dimensión; y el endurecimiento del espíritu del vino de 1993 y avalancha en 1995. Por supuesto, la imagen de Bunbury y su afectación asimismo podrían ser un factor que, a muchas personas, les podría chirriar, pero no es menos cierto que era un frontman imbatible. Y toda su crónica. Con los años, tras la separación áspera, la música de Enrique Bunbury, Juan Valdivia, Joaquín Cardiel y Pedro Andreu iría consiguiendo un valor mucho más trascendente, como se vio en el regreso de 2007. Aquí nos vamos a centrar en la recopilación de 2000 Canciones 1984-1996, un disco doble de veintinueve temas en el que se marchan intercalando las temporadas, que verdaderamente es un tiempo reducido. No entendemos el orden que llevaron, pero queda muy apretado. Además de esto, se grabaron nuevamente voces y se hicieron novedosas mezclas de las canciones que fueron de sus primeros trabajos, esos que son mucho más criticados por la producción de Gustavo Montesano y Roberto Durruty. Con los cambios de Phil Manzanera, el sonido se ajusta mucho más a eso que la banda logró en el tramo intermedio de su trayectoria, que pasó del Pop Rock de los ochenta, muy bajo la influencia por el Articulo Punk y The Cure, entre otros muchos , al sonido de Rock de estadio bajo el paraguas de Led Zeppelin, Aerosmith y el Grunge de la temporada. Asimismo hay canciones directamente que detallan su poder en las tablas. Un disco doble que es un carrusel de conmuevas. A subirse.

Y sucede que todas y cada una de las canciones las conoces. Muchas pertenecen a la narración de múltiples generaciones, de los instantes del paso a la adolescencia a la juventud. Canciones que cantaba en los bares si bien no tuvieses ni la más mínima idea de los significados complicados de las letras de Bunbury. De las guitarras de Valdivia que resaltaban fuertemente y ​​de la sección rítmica de Cardiel y Andreu que iba como una apisonadora. Esa gente no hacía presos. El primer disco compacto ahora se arroja con Entre 2 tierras y Maldito duende, de 1990, 2 himnos, el Rock de estadio que se comunica en la primera y el tono mucho más melódico y también profundo es la segunda. «Mar adentro» (1988), nada que decir, ese sonido mucho más limpio de la producción con estas guitarras. Otro tradicional. Y ahora notas el cambio con la vigorosa La sirena varada (1993), acelerada y creciente, con un Bunbury mucho más liberado todavía. Y se lanzan hacia la obscuridad y la épica con Deshacer el planeta (1995), el desenlace está cerca y es como la colisión que se comunica. Claro que asimismo eran capaces de llevar a cabo un Rock épico como La herida de 1993, armónica incluida, un medio tiempo que es uno de sus tradicionales en los que se abonan al dramatismo. «Apuesta por el r’n’» es una anomalía en su discografía, anunciado en Extrañezas (1998), es una versión compasada en clave acústica y Country del tema de los zaragozanos Mucho más Birras, que se transforma en otro de sus temas indispensables . Hay novedosa mezcla para «Flor Venenosa» (1988) que es un Pop Rock mucho más refinado pese a este endurecimiento.

La civilización pop y los sitios recurrentes

La música es tan esencial para Tarantino que una vez llegó a decir que la primera cosa que hacía era buscar la secuencia de los créditos iniciales. “Acercamiento la personalidad de la escena por medio de la música que está ahí… ese es el ritmo de la película. En el momento en que sé lo que deseo llevar a cabo, entonces es sencillamente una cuestión de zambullirme en mi compilación de discos y localizar las canciones que dan el ritmo a mi película». Tan esencial es para él la música que la primera escena de su filmografía, la primera oración aun, tiene como personaje principal a la música: “Les diré de qué trata like a virgin”. En la primera escena de Reservoir Dogs no suena la canción de Madonna, no suena ninguna canción en verdad, pero la charla de los ocho hombres sentados en la mesa del bar da un giro, al comienzo, sobre el concepto de la letra del popular tema. Después la charla evoluciona y antes de terminar comentando de las propinas, los personajes principales charlan sobre el software de radio “Los supersonidos de los 70 de K-Billy” y de las canciones que ponen en el software. Después nos enteraremos de que, pese a la animada charla, varios de los presentes en el desayuno solamente se conocen; pero la música es un factor común, algo de lo que todo el planeta puede charlar, un ambiente familiar. Precisamente es lo que pasa con la selección musical de las películas de Tarantino, nos llevan a sitios recurrentes que conocemos y que definen las ocasiones. El popular diálogo sobre Like en Virgin, con unos delincuentes comentando de algo tan diario como música pop o programas de radio entrega al guion un cierto realismo. Además de esto resultó bastante deslumbrante pues hasta el momento no era algo muy frecuente combinar cultura habitual con género criminal.

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