de quien es la pieza musical rusa de cuadro

El adelanto del ejército ruso en Ucrania semeja incontenible. La amenaza de tomar Kiev, la ciudad más importante, es cada días un poco más alguna. Cuando menos es lo que se advierte en las maniobras militares próximas a la localidad.

En otras expresiones, la armada rusa está muy cerca del sitio que ocuparía, en el siglo XIX, la Enorme Puerta de Kiev, el cuadro final de los “Cuadros para una exposición” del malogrado (por l alcohol ) genio de la música rusa, Sencillo Mussorgsky (1839-1881).

Una exclusiva Audición Comentada

Esta vez nuestra obra musical radica en un peculiar recorrido por una exposición de cuadros. A través de Yrene Echeverría, maestra de violín y divulgadora musical, recorreremos esta galería de arte donde las proyectos son pequeñas creaciones musicales que describen una secuencia de cuadros.

Mussorgsky fue un compositor ruso de finales del siglo XIX, miembro del Conjunto de los Cinco, conjunto cuyo propósito era generar un género de música propia rusa, en vez de imitar los estilos centroeuropeos como se hacía frecuentemente.

La retrospectiva de 1874

La Academia de Preciosas Artes de San Petersburgo deseó honrar a Hartmann, uno de sus integrantes mucho más refulgentes, y en el mes de febrero y marzo de 1874, se organizó una exposición retrospectiva entendía cuatrocientas proyectos del artista, entre cuadros, esbozos y estudios arquitectónicos. Al visitarla, un perjudicado Mussorgski fue poniendo en marcha la iniciativa de recrear el recorrido de un visitante imaginario por las distintas galerías, mientras que asaltaban las imágenes concebidas por Hartmann. Más allá de su estado deteriorado, debido al alcoholismo, Mussorgsky sintió el último y mucho más encendido arrebato de imaginación de su historia, que no volvería a presenciar por igual en los últimos tiempos. Tan solo mes y medio tras conocer la exposición se puso manos a la obra, concluyendo únicamente en veinte días una suite para piano, compuesta por diez piezas, entre aquéllas que se intercalaba una suerte de interludio que se titula “Promenade ” (título que Mussorgski omite en ciertos instantes a la partitura), que forma una transición entre cuadro y cuadro, tal y como si se musicalizara el tiempo usado por el visitante de la galería en recorrer la distancia entre las distintas proyectos. Los promenadas no son idénticos y muestran distintas variantes. En una carta de Mussorgsky al alarmante Vladímir Stasov, confesaba que debía comprenderse el “promenade” como una descripción de su fisonomía, quizá imaginándose en el instante en que visitó por vez primera la exposición y las experiencias que le provocaron las pinturas allí presentes.

Paradójicamente, Stasov es la primordial fuente de información que tenemos en relación a lo que se refiere la obra. Y sucede que, a pesar de que Mussorgsky vivió aún prácticamente otros siete años, no llegó a difundir la partitura. Esta vería la luz en 1886, cinco años tras su muerte, intensamente revisada por Rimski-Korsakov. Afortunadamente, Mussorgski ha podido argumentar a Stasov (o eso es lo que semeja), al que se se encontraba refiriendo a cada número y las especificaciones de este fueron, si no vitales, sí realmente útiles tanto para los intérpretes pianísticos del obra como para todos los que desearon arreglarla para orquesta. Tristemente, la dejadez en relación a la obra de Hartmann provocó que una gran parte de las cuatrocientas proyectos expuestas en la exposición de 1874 se perdiesen, y de las que llegaron hasta nosotros, solo seis semejan cuadrar con las piezas mussorgskianas .

«Para Elisa» – Beethoven

Como veníamos continuando, hallaríamos alguna obra mucho más de Beethoven en este recopilatorio, y como es natural, la obra musical “Para Elisa”, no podía faltar . Für Elise (en alemán) se compuso en 1810, pero no fue hasta 1850 en el momento en que se publicará tras la desaparición del compositor.

Lo mucho más asombroso de todo es que esta obra no era exactamente para una tal Elisa, sino más bien para Teresa. ¿De qué manera? Lo que andas oyendo. Aparentemente, el musicólogo y tocayo de Beethoven, Ludwing Nohl, transcribió mal la dedicatoria.

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